lundi 23 janvier 2012

I.

El velo de la ultranza pierde pelo,
pierde pluma,
arraiga hora y uña en bebedero.

Soporta espuelas de odio, torpeza y salario.
El oro de la brújula hiere al fin,
conecta tiempo y palacio
en un verbo transportado en su estuche,
dosel de horas, migajas y férulas en miniatura.
Desgrana y desangra
rencores raídos de purpura violentada,
una tibia, un codo,
una rodilla violeta perforada de hijos no natos,
hilos de perfusión,
perfumados, chatos,
ceniza, y ni eso.


II.

Salgo de este coche movedizo,
aúno mis pérgolas y me voy al
corro central
descalzos los pies
en tierra con las piedras y vidrios
dormido el vello silente
la uña roedora
el dedo aguzador
la pierna descalza y sin móvil
el vientre airado y la cuña desierta;
desato el lío de ahuyamas y escapismos feroces
caigo al imperio del no me olvido.

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