mercredi 12 août 2009

I.

Nívea, ninguna.
Loras las palabras solas se sudan.
Caídas del collar rebotan,
se chocan
(inhumanas y creyentes)
de alguno que otro salto las recojo,
a veces por color,
a veces por canto
y las remojo juntas en papel.



II.

Palabras labradas;
espacios y espantos encurtidos en ventas de esperanzas
y de esperas sumisas.
Una orla de cebolla
oh, rosa en el espejo,
encantos del almíbar duro del ensueño,
carajo, es ésta la sala de espera.
Lóbulo del alma sola en caja de cera.
Ahí está,
acojinado en un rinconete de la locura
el resabio de la balanza.


abril 2007.