Quinta, cuarta, cuarto, espejo y rincón
una cebada (una gallina)
y empezamos de nuevo a contar
esquineros.
A rodar escaleras,
a subir cortinas en silencio y
con el rabillo a recoger tarros
y atmósferas de polvo reducidas
a congestionar encías y miradas
al encuentro con el callo, con el dejo
al encuentro con la media sola
y el vaso de agua seca
y a quebrar llegadas y visitas
y a lavar, a blanquear con cloro álbumes y
colecciones inmejorables,
y llevarlos a un hervidero de olvidos
a un estuche de alfileres, hilos, cintas y brocados
cuarto de sombras,
tu codo gris cuelga.
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